Sería
magnífico
no
celebrar
el
Día
Internacional
de
la
Mujer,
significaría
que
la
igualdad
de
género
señorea
en
todo
el
planeta,
ya
que
las
mujeres
y
los
hombres
disfrutaríamos
de
los
mismos
derechos
y
obligaciones.
Infortunadamente,
a
pesar
de
los
innegables
avances
que
se
han
conseguido,
gracias
a
la
infatigable
lucha
de
las
mujeres
desde
hace
más
de
un
siglo,
el
panorama
en
2015
sigue
siendo
desalentador
para
la
mayoría
de
las
mujeres
que
habitamos
en
la
Tierra.
Tanto
a
nivel
internacional
como
a
nivel
local,
cualquier
informe,
estadística
o
crónica
que
se
consulte
arroja
un
panorama
desolador:
la
crisis
golpea
a
las
mujeres,
a
la
infancia
y
los
mayores
sin
piedad.
Baste
mirar
a
la
Unión
Europea,
con
Grecia,
El
Estado
español,
Irlanda,
Portugal,
Italia,
englobados
despectivamente
bajo
las
siglas
“PIGS”.
No
olvidemos
que
los
países
llamados
ricos
albergan
en
su
seno
al
Cuarto
Mundo,
donde
el
flagelo
de
la
pobreza
campa
a
sus
anchas,
y
el
lugar
que
ocupan
las
mujeres
en
esas
sociedades
no
es
para
lanzar
cohetes.
Y
en
el
denominado
Tercer
Mundo
la
situación
de
las
mujeres
clama
al
cielo.
Conclusión:
hoy
en
día
sigue
vigente,
con
inusitada
ferocidad,
la
sentencia
“La
pobreza
tiene
rostro
de
mujer”.
Las
violaciones,
los
asesinatos,
la
indefensión
legal
en
todos
los
ámbitos
socavan
día
a
día
los
más
elementales
Derechos
Humanos
con
total
impunidad,
por
no
hablar
de
las
religiones
que
siguen
apropiándose
de
los
cuerpos
y
las
almas
del
género
femenino.
Sin
embargo,
no
hay
que
perder
la
esperanza
y
muchísimo
menos
abandonar
la
lucha
en
pos
de
un
mundo
mejor.
Las
feministas
seguimos
en
la
brecha
a
pesar
de
todas
las
dificultades
que
surgen
en
camino
tan
pedregoso,
y
aquí
siempre
estamos
prestas
a alzar
la
voz
y
pasar
a
la
acción
con
coraje
para
gritar
a
los cuatro
vientos
que
venceremos.